16 Meses antes
Layla
Tres horas libres antes de mi próxima clase. Busco
el horario de eventos y ahí veo dos conferencias y varias clases. Las clases
quedaban al otro lado del campus. Mejor
voy las conferencias una es sobre el feminismo en el Siglo XVII y la otra sobre
la otra sobre MBS y su impacto en la pobreza. Preferiría a la del feminismo
pero empieza en dos hora así que será la de MBS además no se ni que es eso,
quizás sea interesante. Me siento en la
última fila, me quito el abrigo y lo pongo en el espaldar. Apenas hay un par de personas y alguien en el escenario y me dejo llevar
por mis pensamientos. Esta es mi manera
de escapar, estudiar otra maestría, lejos de mi casa, de mi familia que me ahogaba a pesar de que los
quiero, de las obligaciones, las convenciones, de mi novio. Mire al frente y
sin distinguirla bien, veo una mujer joven arreglar el proyector, la laptop, me
vi en sus movimientos eficientes, pero al mismo tiempo suaves, femeninos. Y ese era mi mayor problema, me gustaban las
mujeres, siempre me han gustado, no sé si soy lesbiana, quizás bisexual, con mi
novio lo disfruto, como se disfruta estar en la playa o tomarse un vino y a
veces hasta menos, pero más nunca.
En casa, ese lado de mi no existe, soy
cuidadosa de no mirar a nadie demasiado de no delatarme, de que nadie se dé
cuenta, acá mientras estudio cosas que son interesantes pero que nunca ejerceré
soy libre de mirar a una mujer, de admirarla, de desearla, incluso de más. Aunque
nunca me he atrevido. Me da miedo que pueda descubrir, de cuanto me puede
gustar.
Menos aquella vez, el primer año de universidad
en que insistí a pesar de las negación de mi padre que quería comprarme un
apartamento, al final prevalecí, y pude quedarme en el Dorm, compartía el cuarto con Casey, llevábamos una relación buena, amigable,
nunca fuimos las grandes amigas y nunca la vi como mujer. Hasta ese día, llego
llorando porque había terminado con su novio, empezamos a beber y no sé cómo
paso pero empezamos a besarnos, a tocarnos, y al otro día, cuando desperté
estábamos en mi cama desnuda. Me vestí y salí de aquel cuarto, cuando regrese
ella actuó como si nada hubiera pasado y yo hice lo mismo. De lo que más me
arrepiento es que no recuerdo nada, solo esos besos que nos dimos y que me hicieron sentir como que mi piel se
quemara, y una desesperación casi animal, salvaje que nunca había
experimentado. El segundo año de
universidad mi padre me compro el apartamento.
Faltaban 30 minutos para empezar, así que deje
mis cosas en el asiento, me encamine a la maquina al baño, fui hasta el baño
más lejano porque le tenía fobia a estar cuando estaba lleno de personas. Abrí
la puerta, y escuche unos sollozos, una voz hablando entrecortada…tanto que
apenas se le entendía.
-
Se
fue hace una semana – susurraba entre sollozos, me sentí como una intrusa
invadiendo su intimidad pero ahora no sabía cómo salirme sin hacer ruido- No,
ella solo dijo que no me amaba….. y, y ….- estallo en llantos descontrolados y
vi cómo se cayó el teléfono al piso , y las rodillas o el cuerpo en el
piso. Cerré la puerta del baño
principal, y no sé porque ni como, solo abrí la separación, levante el
teléfono, del piso .
-
Hola,
mira no creo que pueda hablar en este momento, está muy mal- dije rápidamente-
creo que en realidad no debería estar en la universidad. Deberías venir por
ella. O decirme donde vive y la llevo. – dije mientras la veía ahí sentada en
el piso meciéndose a ella misma sin mirarme y llorando.
-
No,
voy por ella- dijo con un acento pronunciado- Joder! – oi que exclamaba- eres
una estudiante? – pregunto y antes que contestar – no importa, mira ve y busca
a Jake a su asistente de clase (TA) y dile que de la conferencia él y que luego
le llamo para ver cuando ella vuelve – me colgó antes de que pudiera pronunciar
ni una palabra.
Pensé en salirme del baño e ir por este famoso
Jake, pero ella seguía allí en el piso, sollozando de una manera que partía el
alma. Me senté en el piso y la mire. Tenía el pelo negro, brillante, sedoso, con
unas hondas suaves que le llevaba casi a mitad de la espalda, vestía ahora toda de negro, pantalones y un cuello
tortuga. La toque en la rodilla.
-
Tranquilízate,
si- dije suavemente- levante su cara de sus rodillas. Y me sorprendí, tenía los
ojos profundos y tan verdes que parecían del color de la hierba. Una cara
ovalada, que me pareció tierna y perfecta, una nariz respingada, unos labios
carnosos y delineados aunque finos. Y aunque sus ojos estaban llenos de
lágrimas y su cara rojo de llorar, me pareció una muy mujer hermosa- La ayude a
pararse, la tome de la cintura, era un poco más alta que yo, delgada, con unos
senos medianos y una cola pequeña pero paradita. y la lleve al lavamanos.
-
Preciosa,
no te vayas a caer, si? -Tome un papel, le limpie las lágrimas, mientras la
sostenía, se veía muy frágil, su piel era ligeramente más oscura que la mía,
morena clara, su cara era ovalada y en
ese momento se veía muy joven
-
Cómo
te llamas? – le pregunte suavemente, pero a ella solo se le llenaban los ojos d
lágrimas y le corrían por sus mejillas – Anda, no llores más respira – toque
su cara con mi palma y la sentí muy
fría- no te me vayas desmayar, preciosa, si? Que estas flaquita pero no te voy
a poder cargar....- hice la broma esperando una reacción pero sus ojos estaban
desenfocados y su piel fría. Paso ratos
así, yo sosteniéndola, hablándole cosas de las cuales ella no reaccionaba ni
contestaba y ella solo llorando en silencio, creo que o se daba cuenta siquiera
que lo hacía.
De repente entro una mujer, alta, pelo castaño,
ojos miel, se notaba que estaba furiosa.
-
Mírate,
como estas?- dijo tomando a la mujer por la cara y abrazándola fuerte—Te dije
que no salieras de tu casa, te lo dije pero eres necia como una mula. – se la
llevo y solo me miro y dijo-Gracias, busca a Jake.
Que podría causar que una mujer como esa,
hermosa, exitosa, obviamente si era profesora en esta universidad, de economía,
se pusiera así? Me limpie las manos, Salí del baño y regrese al salón donde iba
a ser la conferencia.
-
Alguien
acá se llama Jake?- pregunte- un muchacho se levantó, le conté que la profesora
se había puesto mal y que se la habían llevado y que le pedía que diera la
clase y que después se comunicara con ella para coordinar. Fui por mis cosas, tome el folleto del seminario
y Salí del salón. Leí su nombre, Alexandra Lucas, PhD Economía.
Me fui al mi apartamento, tome un carboncillo y
un cuaderno, y la dibuje, igual como la había visto pero esta vez hubiera
querido con una sonrisa, y no con
lágrimas. Por las siguientes semanas,
sin saber porque estuve pendiente de si la veía, pasaba por sus clases
pero sus TA casi siempre daba las clases. Hasta que un día, la vi, tenía un
abrigo de piel negra, un gorrito negro, una bufanda color crema, guantes
negros. Decidí ir a ver si daba clases, y me senté en la última fila y me fije
como se quitó el abrigo y los guantes pero se dejó el gorro y la bufanda,
llevaba un sweater del mismo color de la bufanda y botas de piel negra. Se veía increíble.
Escuche su clase, su manera de moverse, cuando
se emocionaba en un tema movía las manos con vehemencia, y su cara se
iluminaba, era simpática y sarcástica, sonreía de medio lado y a veces de
manera casi imperceptible, siempre
buscaba que los estudiantes participaran, que la contradijeran, para que
sacaran sus propias conclusiones, a veces no entendía el tema de que hablaban,
pero observaba las discusiones tan apasionadas e intensas que me daban ganas de
aprender. Se me convierto en hábito
ir a sus clases cada vez que tenía un
periodo libre y coincidía. La dibuje muchas veces, pero nunca como quería. Así
me entere que era lesbiana, y que había tenido una pareja estable por mucho y que había terminado. No era un secreto su
condición sexual ni ella lo intentaba ocultar.
Recordaba ese día en el baño y como era tan diferente allí, tan
confiada, fuerte, segura de sí misma y ese día en el baño tan vulnerable, tan
frágil.
Un día estaba sentada, terminado algo para las
clases. La vi llegar con una mujer alta, pelirroja, vi cómo se despedían con un
beso en los labios, y como la pelirroja la hacía reír. La seguí con la mirada,
mientras buscaba mi celular, que sonaba. Conteste sin mirar la pantalla,
mientras las observaba hablar, sonreír,
y tocarse con esa complicidad que daba
la intimidad.
-
Hola
hija- escuche la voz de mi padre en el teléfono.
-
Hola
papa, como estas? – pregunte todavía viendo cómo se despedían, y ella caminaba
al edificio.
-
Tienes
que regresarte, tu mama tuvo una recaída y te necesita- dijo muy serio. Un frio
me recogió el cuerpo y me quede
estatice.
-
Está
en el hospital? – pregunte intentando que la voz no me temblara.
-
No,
Dr. Castellanos dijo que podía quedarse,
pero a mí me parece que lugar es junto a
la familia, cerca- dijo en ese tono tan blando que escondía la firmeza en sus palabras.
-
Iré
hablar con el Rector y con registración para pedir la autorización de faltar y
regresar después para terminarlo- dije resignada.
-
Okey
avísame y mando el chofer por ti al aeropuerto- me dijo sin más- avísame si
necesito hablar directamente con ellos.
-
Okey,
papa – suspire- dale un beso a mama.
-
Lo
hare bye- dijo colgando.
Regresar.
Eso era lo que menos quería, luego pensé en mi madre, sintiéndose débil,
enferma, la culpa me invadió y me levante para hacer mi deber. Como siempre.
Pero ahí estaba, con mi madre, mis hermanas y
sus esposos, mi padre, mis compromisos, y mi novio y sus compromisos. Mi vida
era un cumulo de “debo” “tienes” “no puedes” y nada más. Los únicos momentos
que disfrutaba era sentada con mi madre en la cama, acariciándole el pelo, y le
decía que me contara de cuando se enamoró de mi padre, de sus fiestas de
juventud, de sus locuras, nos reíamos como cómplices y olvidamos la monotonía
de la realidad y el miedo a un futuro que no la incluyera. Así se me pasaron
los meses entre acompañar a mi padre o Alberto a sus reuniones, y otras salía
con él a cenar, al teatro o a su
departamento. Es como si mi vida fuera solo un cumulo de momentos, de hoy, de
presentes, sin ningún plan Mío, sin ninguna pasión mía, sin nada que pudiera decir, eso me pertenece
a mí, solo a mí, y lo amo. Cuando
deseaba eso. Pensaba eso tirada en la
cama, dibujando con el carboncillo, lo que sea…y añorando mi vida en Boston donde al menos me sentía
menos asfixiada. Y en esos momentos, ella se me colaba en la mente, esa mujer
en el baño o en el centro del pódium del salón caminado, hablando de esa manera
tan suya. Pensaba en la gente que tenía pasiones, obsesiones, y quería eso para mi
Mi madre estaba cada día mejor, y pronto
acabarían sus tratamientos. Estábamos sentadas en la cama, cuando me llamo
Alberto, a recordarme el cocktail de esta noche. Lo confirme con desgano y seguí ahí hablando
con mi madre.
-
Que
te pasa con Alberto?- dijo de la nada, mirándome recostada con las almohadas.
-
Nada,
solo me cansan las fiestas- dije encogiéndome de hombros. Me tomo de la mano y
me la apretó.
-
Yo
sé que a veces te sientes atrapada aquí – dijo dulce pero agarrándome las manos
firmemente- con demasiadas responsabilidades, deberes y seguramente piensas
limitaciones. Pero la vida te ha dado muchas bendiciones y esas vienen de la
mano con las otras. Alberto te quiere, es la mano derecha de tu padre en el
grupo financiero, lo conoces desde siempre, porque a veces siento que todo te
fastidia? – dijo sin soltarme.
-
No
es eso, no me fastidia, Alberto es maravilloso – dije- todo está bien. Solo que
quiero terminar esta maestría.
-
Bueno
está bien- dijo- te vas en dos semanas para Boston, y la terminaras. Y después
qué?
-
Después
regresare a la casa-dije sin cambiar la expresión- y nada más.
-
Ok, hijita – dijo no muy convencida- bueno ve
arreglarte y no dejes a tu papa muy solo, mira que yo todavía no estoy para ir
todavía.
Me vestí con un vestido negro, de tirantes,
suelto, que me llegaba a mitad de los muslos, sandalias y el pelo suelto. En el
cocktail se la pasaron hablando de trabajo todo el tiempo o de cosas tan triviales
que sentía que me estallaba la cabeza, quería salir de allí. Pero Alberto me sostenía
de la cintura y mi padre sonría y yo solo me sentía presa de mis propias
barreras, de mi propios cariños.
-
Te
pasa algo, Layla? – dijo Alberto sosteniéndome el mentón – haz estado callada,
distraída.
-
No
me pasa, nada- dije entre dientes- solo tengo muchas cosas que preparar antes
de irme a Boston.
-
Quiero
que hablemos de eso – empezó a decir y sentí como me tensionaba – Cuando
terminas? Quiero que empecemos a pensar en nuestro futuro, mi amor- dijo
besándome suavemente los labios.
-
Me
falta mínimo un año Alberto- dije sonriendo- podemos hablar de ese futuro
entonces?
-
Pero,
Layla, yo quiero que vivamos juntos, amanecer a tu lado- dijo acariciándome los
hombros.
-
Sabes
bien como es mi familia -dije moviéndome un poco- si nos vamos a vivir juntos
no me la acabaría.
-
Yo
no estoy hablando de eso- dijo sonriendo- estoy hablando de casarnos.
Ahí estaba, lo que presentía llegar
inevitablemente, me acerque a él, le di
un beso suave en los labios.
-
Cariño,
podemos hablar de eso cuando regrese?- dije susurrando en su boca y acariciando
su nuca.
-
Pero
Layla…- me dijo lo bese más profundamente.
-
No,
me presiones, si? – dije sonriendo – sabes que eso está escrito en nuestro
futuro, pero por ahora….- lo bese de nuevo- seamos libres…
Mi padre se nos unió junto con otros de sus
socios, y empezaron a hablar de un nuevo proyecto que quieren comercializar en
la bolsa, y como aumentaría el capital, liquidez, que las condiciones estaban
dadas para que el país pueda usar el sistema de ABS y que solo necesitaban
montar un equipo para desarrollar el marco legal y asesoría.
Se dibujó una sonrisa.
-
Deberían
contactarse con la Dra. Alexandra Lucas- dije dirigiéndome a mi padre y
Alberto.
-
Quien
es, mi amor? – pregunto Alberto.
-
Es
una economista, que ha publicado mucho sobre libre comercio, libre flujo de
capitales y también sobre ABS y MBS – dije con cierto aire de desinterés – creo que realmente es una de las expertas
más prominentes en el tema.
-
Y
tú de donde la conoces, hija? –dijo mi padre
-
Es
una profesora de la universidad, con mucho prestigio- dije- la he visto en alguna que otra conferencia.
-
Bueno
pero será que estará interesada en colaborarnos y ser consultora?- dijo uno de
los socios de mi padre.
-
Tengo
entendido que a veces trabaja con el Boston Consulting Group- dije
-
Ah,
Alberto- dijo mi padre – ahí no trabajaba es socio el hijo de Bonetti?
Empezaron a hablar del proyecto. Porque hable
de ella? Obviamente sería una oportunidad de quizá tratarla un poco. Pero si
conoce a mi familia y a Alberto, solo será eso. Conocerla y satisfacer mi
curiosidad. Esa noche fuimos al
departamento de Alberto, hicimos el amor y luego me llego a mi casa. Los
siguientes días pasaron volando, luego
de hacer sus contactos se pudo concertar la cita con Alexandra y mi padre y
Alberto viajaron conmigo.
Llegue a mi apartamento, y me respire hondo.
Saque mis carboncillos, mis pinceles, y me recosté en el sofá, respirando el
aire, mirando la luz, disfrutando de la libertad. Me senté en la ventana, dibuje el paisaje de
la cuidad que se veía, el parque los niños corriendo, los perros, el tendero
del deli afuera. Después de unas horas,
de solo perderme en el paisaje, en los colores, en la vida. Camine a la
universidad me reinscribí en la maestría con los cursos ofrecidos que todavía
tenían cupos para el verano. Cuando termine apenas eran las 3 de la tarde. Tuve
tentación de ir a ver si Ella estaba dando clases, pero me contuve. Agarre el tren hasta llegar al Rowes Whalf
donde camine sin pensar en nada más que
en aspirar el olor del mar, ver las rocas, los botes, la gente. Sentirme ahí pérdida
entre desconocidos ahí me sentía más cerca de mi misma. Me provoco ir a Haymarket y tome el tren de
regreso, dibuje un poco en el tren y luego camine el Farmers Market escuchando
la sinfonía de la cuidad, admirando, disfrutando del olor vivo del mercado, del fulgor de las frutas, los vegetales, las flores en las
cajas. Hice mis compras y fui de regreso
al apartamento. En el camino, me llamo Alberto para contarme que habían llegado
a un acuerdo con Alexandra fingiendo desinterés, le pregunte si iría al cocktail del viernes, cuando me lo
confirmo sentí como una emoción me corría el estómago. Alberto sugerí que cenáramos juntos, pero
argumente estar cansada, hoy solo quería disfrutar de mi espacio, de mi
apartamento y olvidarme de todo menos de aquello me naciera hacer.
Por fin llego el viernes, y yo nerviosa como si
realmente tuviéramos una cita. Los días
anteriores había hecho un desastre de mi casa sacando todo de mi armario,
tirando todo en montanas sobre la cama, hasta que me di por vencida y Salí en
busca de algo. Me bañe, me seque el pelo dejándome lacio, y me puse el traje
que me había comprado. Un pantalón blanco, a la cintura, sin botones, ni
adornos, de corte recto y sencillo, una chaqueta blanca, de dos botos que
llegaba apenas a la cadera y debajo un cami color piel bastante bajo que parecía
que no estuviera, el traje se me ajustaba al cuerpo, realzando mi feminidad.
Alberto paso por mí y ahí estábamos en esos cocktails que tanto me aburrían,
pero estaba vez era distinto. El tiempo pasaba y no la veía llegar así que fui
al bar pedí una copa de vino y unos canapés.
Cuando voltee, ahí estaba. Sentada a unos pasos
de mí, distinta, bellísima, con ese traje sencillo, muy elegante, sensual,
suave. Tan diferente que en la
universidad, la vi distraída buscar a gente con la mirada, tomar su copa, comer
sin hablar con nadie, solo observando, sus ojos verdes parecían que irradiaban luz, casi se había acabado todos
bocadillos, y a veces murmuraba o gemía suavemente de placer con alguno en
particular, Yo sin saber de dónde saque valor ni cómo le ofrecí traerle más. Ella giro
sorprendida, y sonrió. Sentí como coqueteaba conmigo, me tocaba a veces
levemente, sonreí, reí y me hacia reír, hacia cometarios con doble sentido,
picaros y yo ahí descubrí a la otra
parte de esa mujer, recordé la del baño llorando desconsolada, la otra que
caminaba por el pódium , escribía cosas, hacia preguntas incisivas y a veces
sarcásticas, se apasionaba, y ahora está , esta mujer femenina, suave,
tímidamente coqueta, que en unos momentos parecía desinhibida, sutilmente
agresiva, y en otros, se ruborizaba, de
nada. Yo solo quería conocer las otras
facetas de esa mujer, sumergirme en ella y olvidarme de toda esa vida que se me
empeñaba en abrumarme.
Cuando llegaron Alberto y mi padre a hablar de
negocio, me incomode porque sentí que invadían nuestro espacio, pero
calle, como siempre. Sentí su mirada
inquisitiva sobre mí, sus dudas, sus preguntas silencios, y hasta un poco
decepción. Sentí que de repente la noche pasaba infinitamente lenta y otras que
volaban las horas. Al final se despidió, y dejándome llevar por el instinto, la
acompañe. Podía tonar el contoneó de sus caderas al caminar delante de mí. Al llegar al lobby, nos íbamos despidiéndonos,
le acomode el pelo, la abrace, sentí todo su cuerpo pegado al mío, su calor,
bese su mejilla, rozando casi sus labios. Y me fui.
No sé por qué mi terquedad en este juego, no sé
qué me pasa. Quizás el saber que mi vida, ya estaba trazada para mí, que era
inevitable, que ya no existían maneras de posponer, escapar, inventarme más
estudios. Sabía que en un año y medio
como mucho estaría haciendo eso que todos esperaban de mí, siendo la esposa
perfecta, la hija abnegada, la anfitriona siempre graciosa y atenta, esa mujer
que todos veían, pero que no era yo. La que yo era, nadie la conocía, tan escondida
estaba que a hasta a mí misma me sorprendida cuando se me asomaba. Y por lo menos un poco quería
verme a mí misma, permitirme ser yo.
Me gire y la vi alejarse, así que tome mi
celular y tome una decisión.
-
Hola,
amor- dije en el teléfono, mientras salía del salón- mira, te aviso que me voy
a mi apartamento, me siento cansada, me duele la cabeza y me voy a dormir.
-
Ay
Layla, pero espérame y te acompaño…- empezó a decir- no ya conseguí un taxi y tú
tienes muchas cosas que hacer ahí, te llamo después, no te preocupes por mí.
Besos – colgué.
La vi
alejarse caminando lentamente. Aumente el paso, y cuando estaba cerca, toque su
brazo con mis dedos.
-
Ah!!
– dijo dando un salto- me miro, respiro hondo- Layla. Casi me matas de un
susto.
-
Perdón
– dije sonriendo y tocando sus mejillas con mis yemas- no fue mi intención.
-
Que
haces acá? – dijo inclinando su cabeza de lado, ligeramente- se me quedo algo?
O me necesitan Alberto o tu padre?
-
No-
dije – solo quería acompañarte a tu casa, o al tren, o donde vayas.
-
Acompañarme?
– levanto las cejas, y frunció el ceño-
no entiendo..
-
Solo
quiero acompañarte – dije tocando su antebrazo, no podía dejar de tocarla
aunque fuera así- no hay nada que entender.
-
Pero….-
bajo la mirada a mi dedos en su antebrazo, que lo rozaban ligeramente. Levanto
la mirada y me miro con esos ojos verdes, mas oscurecidos, penetrantemente,
inquisitiva, con una duda y una curiosidad clavada en ella- y que pasa, con
Alberto?
Quizás fue mi imaginación, pero en ese Alberto,
escuche una pregunta silenciosa. Encogí los nombres y empecé a caminar a su
lado. Ella me miro, y camino a mi lado.
-
Mi
casa está en el South End- susurro- pensaba ir caminado, disfrutar de la
noche...
-
Te
acompaño- dije rozando mis dedos con el dorso de su manos mientras caminábamos
–esta bonita la noche? Fresca.
-
Layla….-
dijo mirándome- …si esta bonita la noche.
Caminamos así por 15 minutos, parándonos de vez
en cuando, veía como se relajaba, y sonreí me mostraba casas, jardines o callejones y algunos parques que le
gustaban. Yo la escuchaba hablar, su
acento tan extraño, veía como movía las manos, o como le brillaban los ojos. Me
sentía excitaba, expectante. Roza su piel con cualquier descuido y ella se
dejaba hacer… no iniciaba el contacto, ni lo mantenía, pero me lo permitía.
-
Y
has vivido con alguna mujer, alguna vez? – dije de improviso. Quería saber la historia de ese día en que la
vi destrozada en el baño.
-
Jajjaja – se rio y me miro sorprendida- no sabía
que sabias que era lesbiana. Me miro curiosa- quien te lo dijo?
-
Pues
ya sabes, en la universidad – dije sonrojándome un poco, sintiéndome incomoda,
era obvio que no recordaba nada de ese día- no creí que te incomodara la
pregunta, todos dicen que eres abierta sobre eso – dije encogiéndome los
hombros- disculpa, si te incomode.
-
No,
no me incomoda- dijo girándose para mirarme parando de caminar- pero, es como que
yo te preguntara, cuando fue la última vez que tuviste sexo con Alberto? – dijo
con un tono relajado con una media sonrisa- eso no es de mi incumbencia, lo
mismo con mi sexualidad, soy libre de vivirla, no la publicito pero no me
oculto, solo vivo, espero la misma privacidad que esperarías tu o cualquier otra persona heterosexual sobre el mismo
tema – su noto no era molesto, más bien parecía como si dijera algo filosófico
solo enfatizo lo de heterosexual
-
No,
quise molestar…- dije sintiéndome una chismosa.
-
No
me molestas, si viví con una mujer por varios años. – dijo- y tú, vives con
Alberto?
-
No,
mi familia cree que estamos en el siglo XVII todavía – dije - a mi padre le daría un infarto. Además, vivo
acá en lo que termino esta última maestría. Él se está quedando en el Ritz.
-
Ah,
ya…- dijo mirándome- entiendo – me tomo la mano por primera vez, entrelazando
sus dedos con los míos, apretándola suavemente- a veces es más fácil
traicionarse uno mismo, que a los que uno ama – me miro y sonrió- Mira,
Stella’s se me antojo un canoli, quieres uno, o un biscotti y no lo comemos
mientras llegamos a mi casa- dijo.
-
No,
gracias, estoy bien, quede muy llena con todos esos bocadillos que comí – dije
sonriendo.
Entro al restaurante, lo pidió se lo trajeron en una bolsita blanca,
pago y volvimos a caminar en menos de 5 minutos.
-
Ya casi llegamos, dos calles a la derecha y otra
a la izquierda- dijo sacando el canoli.
-
Quieres?
– le dio una mordida y sonrió- Está buenísimo
- me lo acerco a la boca- pruébalo.
-
Está
muy rico- le di una mordida pequeña. Lo guardo de nuevo en la bolsa y
caminamos.
-
Ese
es mi brownstone – dijo señalándolo- Y ahora, que hacemos? Me voy a preocupar
de que como te regresaras a tu apartamento – dijo.
-
Llamemos a un taxi - marco, dio la dirección,
y colgó. Todo muy rápido y al punto - Llegará
en alrededor de 10 minutos – dijo.
Se sentó en los escalones, saco el canoli, lo
mordió y me lo ofreció. Me senté junto con ella. Y entre mordidas compartimos el canoli. Mi corazón latía tan fuerte que todos los
ruidos de la cuidad dejaron de existir, solo estar así con ella, mirarla tan
cerca, sentirla, despertaba mi piel de manera que su respiración se convertía en la más suave de
las caricias. La humedad entre mis piernas que había estado latente toda la
noche, se extendió aún más.
-
Tienes
crema – acerque mi pulgar a sus labios, quite ese pequeño punto de crema,
mientras la miraba sus ojos que me mataban, tan verdes y oscuros como un
bosque. Acaricie sus labios con mi dedo. Ella solo se dejó hacer.
-
Layla,
estás jugando…- dijo apenas en un susurro. Mirándome- y te puedes quemar….
No dije nada solo la mire y dibuje con mi yema
sus labios. Puso su mano en mi nuca, y
me acerco a ella, cerré los ojos esperando sus labios, deseándolos. Sin
embargo, sentí como desfilaba sus labios, su lengua por mi mandíbula, y bajaba
con su boca abierta, besando mi cuello, suavemente, formando con su lengua un
camino hasta mi oreja.
-
Mírame
– susurro tomando mi lóbulo entre sus dientes.
Abrí los ojos, ella me miro. Sonrió, y acerco
su boca a la mía, sin dejarme de mirarme, atenta, a mis ojos. Entreabrió mis
labios con los suyos, su lengua acaricia mis labios, su boca atrapa mi labio inferior
un poco, jalándolo….
-
Layla-
susurro contra mi boca, acariciándome con mi nombre, con su aliento mi boca.
Cerro los ojos y busco mi lengua con su lengua, explorándola, buscándome y encontrándome.
Sus labios mordiéndome suavemente, explorando, su lengua dentro de mí me incita
a su juego, sus suspiros ahogados en mi boca. Siento sus dedos en mi nuca tocándome con sus
yemas, y otras haciendo una presión suave, llevándome con ella. Mis pezones se
endurecen, siento como mi humedad amenaza a mis muslos. Se separa de mis labios. Baja el ritmo y toca
con su lengua mi labio superior. Vuelve dentro penetrándome con su lengua para
después solo rozar sus labios contra mis labios. Baja por mi cuello mordisqueando
suavemente, lamiendo, besando hasta encontrar ese pequeño hueco en la base de
mi cuello donde mete su lengua y me besa haciéndome temblar. Su boca toma el
camino de regreso a mis labios, besándome profundamente, haciéndome gemir en su
boca, pegarme más a ella, mientras su lengua no para de enloquecerme. Beso mis
labios tiernamente, y luego mi nariz. Sonrió.
-
Eso
se siente besarme a mí – dijo – no a una mujer - Se paró me dio un beso en la
frente- Ahí está el taxi, cuídate, Layla la exploradora. Se rio y abriendo la
puerta del edificio, desapareciendo dentro.
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